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Daniel Kahneman nos dice que “un aspecto sorpren-dente de tu vida mental es que casi nunca te quedas sin palabras”, pensar en palabras o mejor dicho, no poder pensar sin palabras encadena al profesional a gestionar adecuadamente el contexto de la comunicación. El entorno tecnológico necesita de la comprensión emocional, y si no, ¿por qué surgen los emoticones? Por la imposibilidad de que los mensajes se entiendan sólo con palabras. En el trabajo las relaciones personales son necesarias más que la lógica de lo manifestado. 5. Y, por último, la aceptación del error. Decía Bill Vaughan: “Errar es humano, pero para estropear las cosas de verdad se necesita de un ordenador”. Un error necesita de hablarlo y, a veces, sustituimos el poder mágico de una conversación catártica con multitud de justificaciones a través del mail. Hay que aceptar que el lenguaje hablado, la cercanía y el contacto visual son fundamentales para explicar y contextualizar nuestros errores de trabajo. Ocultarse en la tecnología, en la distancia y en el trabajo desubicado para tapar nuestros errores se nota dema-siado. Hay gente que acepta el trabajo actual como una ventaja para evitar “encajar” los errores, fracasos e incluso las maldades propias de todo trabajo. La tecnología nos da libertad pero nos lleva a pensar de una forma determinada. Decía Francis Blanche: “En un mundo en constante movi-miento es siempre preferible pensar el modo de cambiar que cambiar el modo de pensar”. Aceptar el smartwor-king no implica dejar de ser responsable de tus errores y asumir que el trabajo es una obra social. El aislamiento y vacuidad de las relaciones personales debe sustituirse con mayor comunicación grupal y telefónica; hay que estar conectado no sólo tecnológicamente sino también personalmente. Ser un knowmad debe implicar cambiar el modo de pensar y no pensar el modo de cambiar. Las 3H (humildad, honestidad y humanidad) no deben olvidarse en el entorno de trabajo interconectado y globalizado. En fin, que ser un Smart Worker no implica caer en el Síndrome del Knowmad, con el que se vuelve al individua-lismo del nómada frente a la socialización de los pueblos agricultores. Cultivar es un verbo social frente al nomadismo actual. Por tanto, cuanto más se trabaja a distancia más necesitamos sentirnos miembros de una red, una cultura y unos valores. Estos valores deben guiar nuestro com-portamiento teniendo empatía tecnológica, practicando el “slow tecnológico”, gestionando los “silencios tecnológicos”, teniendo civismo en el trabajo a distribuir y aceptando el error como medio de aprendizaje. No se puede caer en este síndrome ya que implica aislamiento, adicción, superficia-lidad y guardarse en el cambio para no ser persona. Re-comendaría a todos los que utilizamos la tecnología como medio de trabajo escuchar canciones de Leonard Cohen y, principalmente, dos de sus frases más esclarecedoras. Una dice: “Aunque estoy convencido de que nada cambia, para mí es importante actuar como si no lo supiera”. Esto es, el ser humano tiene los mismos valores pero siempre que tra-bajo pienso que puedo cambiarlos. Y en otra canción afirma: “Actúa de la manera en la que te gustaría ser y pronto serás de la manera en la que actúas”. Hacer es la explicación de tu ser, por tanto, me niego a cambiar mi ser si no me comporto como quiero ser. Las nuevas formas de trabajo no evitarán que busque la sonrisa como expresión de mi éxito profesional. CULTIVAR ES UN VERBO SOCIAL FRENTE AL NOMADISMO ACTUAL. POR TANTO, CUANTO MÁS SE TRABAJA A DISTANCIA MÁS NECESITAMOS SENTIRNOS MIEMBROS DE UNA RED, UNA CULTURA Y UNOS VALORES. como medio que se convierte en contenido. Hay un adagio anónimo que leí en un libro italiano y que suelo emplear para explicar la superficialidad que nos posibilita la tecnolo-gía:  “El placer de una persona inteligente es aparentar ser un idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente”. Estas conversaciones de besugo son habituales en entor-nos donde la tecnología es tu uso habitual para ejercer el encanto de aparentar saber o ser. 4. La delgada línea entre ser un “tecnogañan” y la falsedad tecnológica. Pensar que el trabajo es mejor o peor según el nivel de utilización tecnológica o la rapidez de respuesta es confundir valor con precio, como decía Ma-chado. El uso de la tecnología como medio no implica ser un “tech” de estar a la última, el dominio de la tecnología no es lo fundamental de la tecnología. Ser un “tecnogañan” es una actitud huidiza a la realidad, pero igualmente ser un sibarita tecnológico que destaca por estar a la última moda también puede caer en la mala educación tecnológica. El civismo tecnológico trata de configurar la tecnología como un dominio social y evitar que la naturalidad y la sinceridad imperen en un mundo de relaciones sociales establecidas. Nadie es más simpático pero ser un sincericida guarda-do en la frialdad de la tecnología. Estamos de acuerdo que el mundo del trabajo es más informal que antes, pero debemos respetar al otro como norma social básica. Y la relajación tecnológica de poder no mirar a los ojos cuando pones una comunicación hace caer en mensajes hirientes y de diferentes interpretaciones. No todas las personas dis-ponen de claves interpretativas de lo que se quiere decir y aún si están en ámbitos diferentes a un entorno de trabajo más normalizado. La sinceridad puede ser asesina si no se combina con la humildad y la honestidad. El Síndrome del Knowmads se centra en comportarse como uno es pero no en cómo uno cree que debe comportarse. Aquí está la delgada línea entre la falsedad o impostura que se guarda en la tecnología y el gañán que uno es independientemen-te de que utilice el twitter para decirlo. El gran psicólogo 42


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