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C.- Las preguntas sobre el presente año. Cómo dijo el poeta, qué hay más allá del presente. El presente es donde tenemos que trabajar tras lo aprendido del pasado y lo motivado que estamos con el futuro. Además, debemos acercarnos con la humildad del científico que no da nada por supuesto o sabido. Las tres preguntas del presente son: › ¿Qué me dice el entorno? Hay que leer el con-texto casi diariamente, hay que apreciar la agilidad de los cambios que se producen en el ambiente. Es importante la curiosidad continua de entender el mundo, cómo se percibe el presente y cómo se vive lo que se está produciendo. De enero del 2015 a enero del 2014 no tiene nada que ver ni en condiciones macroeconómicas ni en variables sociales, es muy interesante estar continuamente con la actitud de un curioso de la realidad actual ya que no podemos muchas veces adelantarnos. Ante todo, tengamos conocimientos coetáneos del entorno que es básico para ser competitivos. › ¿De quién puedo copiar con orgullo? Ya que copio, lo hago con el orgullo de que lo estoy mejo-rando. Lo importante es saber quién está elaborando una mejor solución y que yo pueda aprender de él. Es importante elaborar modelos mentales competitivos continuamente al observar, mimetizar y fagocitar expe-riencias ajenas. El aprendizaje observacional de per-sonas competitivas en el presente es una gran fuente de innovación. Crear es cocrear, innovar es colaborar y, fundamentalmente, competir se basa en compartir. Na-die por sí solo puede crear, innovar y compartir en un entorno actual de endiablada interrelación de negocios. › ¿Qué aprendo cada día? El presente tiene el enorme sentido de ser el contenido de un aprendiza-je continuo. Es el campo de experimentación donde pruebo mis hipótesis, establezco mis cambios y, ante todo, genero aprendizaje de mis experiencias. La sabiduría práctica se trata de saber hacer tu cambio diario. El psicólogo Barry Schwartz cuando analizó el juicio o sentido común determinó que lo importante en la empresa es tener profesionales con sabiduría práctica. Una persona con sabiduría práctica sabe cuándo tiene que hacer una excepción en su trabajo, cuándo improvisar, cuándo se está haciendo un buen trabajo y cuándo tiene que cambiar. Saber cambiar por haber aprendido es en lo que se enriquece el presente. En fin, que las aptitudes de un antropólogo para valorar justamente el futuro, la capacidad del labrador para saber retarse y tener una visión práctica del futuro y, fundamentalmente, las competencias de un científico para valorar la humildad del presente. Este antropólogo, labrador y científico tiene que superar este síndrome de Sísifo. Siempre hay que subir una piedra a la montaña y ¡bendita piedra que tenemos que subir!, pero siempre hay que subirla con la alegría de que la felicidad está en el paisaje de alrededor al subir la piedra más que en la cumbre. Por cierto, las cimas profesionales siempre son ávidas, frías e incluso feas, ¿por qué siempre queremos llegar a la cima? A VECES NOS PASAMOS TANTO TIEMPO CONTEMPLANDO UNA PUERTA QUE SE CIERRA QUE VEMOS DEMASIADO TARDE OTRA QUE SE ABRE. emociones pueden hacer re-vivir y volver a sentir el pasado como parte influyente del futuro. “Agua pasada no mueve molino”, decía mi abuelo palentino, a lo que yo añado “y que nos quiten lo bailado”. B.- Las preguntas sobre el futuro. El futuro es muy traicionero porque todo vale. Mientras el pasado lo cambiamos para explicar mejor nuestra conducta, el futuro no es que lo cambiemos, es que nos lo inventamos directamente. Hay que tener cuidado en ser honesto a la hora de plantearlo, es decir, no querer imposibles con nuestros recursos posibles. Las tres preguntas son: › ¿Qué retos tenemos en el futuro? El futuro no está escrito y, por tanto, no podemos proponernos solamente planes sino también la emoción del reto. La seguridad de conseguir un reto alimenta nuestro principal capital competitivo que es nuestra autonomía. Si en el futuro no se plantean retos, ¿dónde estará la satisfacción de haber logrado lo que nos proponemos? Hoy día es muy habitual los directivos que dicen: “En este paupérrimo entorno yo no me planteo retos, voy día a día”. El día a día necesita de la ambición del reto, nadie puede pensar en el futuro sin tener una emoción en el logro de unos objetivos. › ¿Qué quiero ser de mayor? Para mi es la pregunta básica. Es el propósito definitorio de tu profesionalidad. Esta pregunta que últimamente hago muy a menudo a los directivos, siempre tiene una contestación: “Ser feliz”, pero los directivos no se dan cuenta que la felici-dad no es una arcadia a la que se llega y ya está, sino que es el andar por el camino, es el proceso y la actitud de una persona al vivir lo que define su felicidad. No se puede querer llegar a un estado idílico de felicidad, sino ser feliz en el camino que se emplea en llegar a ser tu propia persona. Esta pregunta es profunda pero muy necesaria. › ¿Qué cambios voy a hacer? Lo importante es cambiar en función de tus retos y de lo que quieres ser de mayor. Igual que las empresas, que ya no necesitan planes de negocio sino nuevos modelos de negocio, las personas necesitan nuevos modelos de ser perso-na. Hay que reinventar hasta el propio concepto de reinvención. Como decía Santiago Ramón y Cajal: “Me reservo el derecho a pensar según mis ideas”. Todos tenemos derecho a cambiar para conseguir nuestros retos y nuestro querer ser. Tras preguntar al futuro con la honestidad de un hombre de pueblo, ya que lo peor es equivocarnos por grandi-locuencias creídas y petulancias adquiridas, debemos centrarnos en el presente. 46


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