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La convicción de nuestras razones debe contrastarse con la tozuda realidad. Siempre recordaré aquel dicho ruso que Dostoieski nos decía: “Si parece un caballo y camina como un caballo, es un caballo”. Las grandes ideas deben ser audaces y hay que intentar ponerlas en marcha, pero también hemos de ser enormemente prudentes para cambiar de opinión según la realidad. No hay que cambiar los términos, ser prudente en pensar (sólo pienso en lo que habitualmente piense un directi-vo) y audaz en su implantación y, por tanto, no tener en cuenta las consecuencias de tus ideas. La prudencia es una habilidad que necesita de la audacia inicial en el pensamiento. Los cambios se hacen con prudencia en los “cómos” y con afán revolucionario en los “qués”. Ma-falda representa la audacia que necesita de la ironía y del saber hacer para implantar sus ideas. Como aquella frase de Mafalda, muestra de su ironía, que dice: “No es que no haya bondad, lo que pasa es que está de incógnito”. 4. Directiv@s con confianza sabia positiva. La bonhomía de Mafalda es una clara expresión del positivismo posibilista. Hay que tener confianza en cambiar el mundo pero con el pragmatismo de ver lo que se puede hacer. Confiar en ti mismo es el inicio para generar con-fianza en los demás; por tanto, esta es la base de la ges-tión de la confianza en las empresas. ¿Por qué los demás confían en ti? ¿Por qué has empezado tú confiando en los demás? Pero la confianza no es ciega, siempre tiene la espada de Damocles de lo real que lo hace ser más sabia. La confianza sabia se basa en tu experiencia de tu autoefi-cacia histórica y hace que tu realismo te impida actuar por estereotipos o juicios prematuros. Pero confiar y analizar sus consecuencias nos debe llevar siempre a un estado positivo independientemente de la negatividad de nuestro entorno. Sólo un acercamiento positivo a la realidad nos lleva a generar nueva energía confiada. La sabiduría de la experiencia y la proactividad de la positiva hacen muy eficaz a la confianza como herramienta directiva. En fin que, ojalá, tengamos muchas directiv@s con sín-drome Mafalda que hagan conductas éticas, que piensen con independencia, con audacia y prudencia en su hacer y que tengan una confianza basada en la sabiduría que da la experiencia, y por último, que cuenten con la ilusión positiva de querer vivir. Como dice Quino en otro libro llamado “¿Quién anda ahí?”, cuando un directivo mira el reloj de pulsera tras una jornada de trabajo y nos dice: “¿Cómo debes hacer para salirse siempre con la suya sin hacer absolutamente nada?”. El no hacer, el hacer lo que tenemos que hacer simplemente implica que las em-presas cada día hacen menos. Por favor, más directiv@s que sueñen aunque sean utopías y no nos encerremos a jugar con el único juguete de la cuenta de resultados. Como atronó aquel 28 de agosto de 1963 nuestro soña-dor Martin Luther King, “… que a pesar de las dificulta-des yo aún tengo un sueño…”. Sin su sueño en el 2014 no estaría un Presidente de EE.UU. como el actual. Y también como diría el propio Martin Luther King, “todo lo que vemos ahora es una sombra de todo lo que veremos” (discursos sobre la medida de un hombre de 1958). ¡Y cuanto vale un sueño de un directiv@ con sabiduría, independencia, audacia y prudencia! Pues simplemente un (ovo). ¿Cuál es tu próximo sueño empresarial? PENSAR CON INDEPENDENCIA IMPLICA EVITAR ESQUEMAS PREESTABLECIDOS Y ORGULLOS DE AUTOR. NO HAY IDEAS BUENAS O MALAS SINO IDEAS QUE FUNCIONAN Y OTRAS QUE, ACTUALMENTE, NO FUNCIONAN. da nos decía “las situaciones embarazosas, ¿las trae la cigüeña?”, yo diría que las decisiones éticas nos las trae el negocio y están en la base de nuestro sueño empresarial. Con Mafalda denunciando la oscura realidad de la corrup-ción y luchando con la picaresca del Manolito de turno, estoy seguro que haremos una empresa mejor, y no sé si es casualidad pero también es argentino otro personaje vestido de blanco que anda soñando conductas éticas en la organización más veterana del mundo. 2. Directiv@s que piensan con independencia. En esta reinvención de los negocios no basta con adop-tar una pose de innovador y un disfraz de emprendedor. Lo importante es pensar independientemente, rehusar esquemas comunes y plantear ideas originales que la realidad no las apruebe. No hay que innovar con modelos clásicos de empresa sino crear nuevos modelos de empresa. Las empresas del mañana se están pensando en el día de hoy. No se puede sólo hacer sin reflexionar lo que has conseguido con tu propio hacer. En el método clásico de entrenamiento (tan utilizado en coaching o mentoring) Acción-Observación-Diálogo y vuelta a la Acción (Método AODA) es fundamental que los pensamientos se encarnen en realidad y que la realidad crezca a través de la reflexión. Pensar con inde-pendencia implica evitar esquemas preestablecidos y or-gullos de autor. No hay ideas buenas o malas sino ideas que funcionan y otras que, actualmente, no funcionan. El relativismo de la realidad como verdadera prueba de la validez del pensamiento es propio de Mafalda. A mi hija mayor siempre la hemos llamado Mafalda porque frente a la realidad siempre postula un “¿por qué no?”, y a veces, este por qué nos hace ver el entorno de otra forma. No tenía experiencia, pensaba de forma independientemente al establishment de las normas y usos. Como decía Eric Hoffer, “normalmente sólo vemos lo que queremos ver, tanto es así, que a veces lo vemos donde no está”. Pien-sa libremente, porque la realidad sí que es libre. 3. Directiv@s con audacia prudente. ¿Se puede ser prudente y audaz a la vez? Mafalda era audaz en sus ideas y prudente en su aplicación. Las grandes ideas necesitan implantarse con prudencia. 66


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