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para conseguir aquello que tenemos que obtener. Y, siempre recordar aquel pensamiento de Pablo Neruda: “Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños”. La actitud de romper reglas supone el optimismo de saber que vas a con-seguir algo mejor. Sabemos que sin romper huevos no se hace una tortilla, y sin romper prejuicios, nuestro amado Nelson Mandela, no habría podido superar una guerra racista previsible. 5. Tómate muy seriamente el placer. Este último consejo de Paul Smith es el que más gustaría a Tintín. Su sonrisa permanente, su apertura a conocer nuevos amigos, a entrar en nuevos misterios y a agitar nuevas ideas y situaciones se basaba en una visión lúdica del hacer. Cuando a Mandela le preguntaron en una televisión americana porqué sonreía tanto, solamente balbuceó: “Porque sonreír es hacer sonreír al otro”. La sonrisa es empática por naturaleza y junto al dar las gracias y pedir perdón son las tres conductas fundamentales de un optimista racional. Reírse de uno mismo, dar las gracias al que te ayuda y pedir perdón cuando te equivocas al aprender son conductas rea-listas y, ante todo, optimistas. El placer de hacer lo que quieres hacer basándote en tu saber y con respecto a tu entorno social es una forma de actuación de Tintín. El Síndrome Tintín te genera una sonrisa continua por su actitud vital y nos dice que la negatividad no es se-ria, más bien es absurda racionalmente. Pensar en que vas a conseguir lo que te propongas es el primer paso para conseguirlo. Hay que huir de una visión reduc-cionista del placer, el concepto de placer debe residir en el balance diario de tus sonrisas, pues en el mismo día tenemos que convivir con momentos amargos para apreciar la propia felicidad. En fin, con su experiencia de diseñador de moda Paul Smith resume los principios de la psicología positiva. Lo nuevo, el intento de hacer las cosas, la energía del traba-jo como un fin, la creatividad en los medios para trabajar y el placer de trabajar son los principios para ser feliz en el trabajo. No me gustan los discursos pacatos de “Ser feliz” sin hablar de conductas concretas para ser feliz. No hay que hacer un panteísmo de la felicidad, la cual nunca será plena gracias a Dios. Hay que tener disconfort para apreciar el confort de estar feliz. No se puede ser feliz sino estar habitualmente feliz. Y, para acabar, un anécdota de un guerrillero español en la Guerra de la Independencia, que ya lo hubiese hecho Tintín antes incluso de que Herge lo hubiese creado. Ju-lián Sánchez “El Charro” capitaneaba un escaso número de guerrilleros que se enfrentó a todo un regimiento de Dragones Franceses que les quintuplicaban en núme-ro y que aun así huyeron en desbandada. Cuando un general español le felicitó por la hazaña, le inquirió sobre si había tenido miedo y cómo se atrevió a tal locura, y Julián solamente dijo: “No los conté, mi general”. Por muy grande que sea la dificultad no hay que evitar presentar una sonrisa al destino; eso sí, astutamente debemos reflexionar dicho destino con nuestro sexto sentido, el querido sentido común. ¿No es Tintín una sonrisa con sentido común? EL SÍNDROME TINTÍN TE GENERA UNA SONRISA CONTINUA POR SU ACTITUD VITAL Y NOS DICE QUE LA NEGATIVIDAD NO ES SERIA, MÁS BIEN ES ABSURDA RACIONALMENTE. de expresión personal. A las personas con Síndrome Tintín se las reconoce por su actitud para reconocer el trabajo como un fin en sí mismo y no como un medio. No se trabaja para vivir sino que en su concepción de vida el trabajo es su principal variable explicativa. Y parafraseando a Marcel Proust:” A veces estamos demasiados dispuestos a creer que el presente (el ho-rario) es el único estado posible de las cosas”. Trabajar no es una carga, como bien expresaba Tintín, y para él ser reportero era su forma habitual de entender el mundo. El futuro del trabajo flexible es el presente tecnológico y, por tanto, el empleado 3.0 (en cualquier lugar, a cualquier hora) es una oportunidad para un optimista racional. 4. Siempre hay espacio para romper las reglas. Tintín es el mayor ejemplo del heterodoxo dentro de la ortodoxia, sin romper la baraja crea nuevas reglas para jugar. Si hay negocios tan tradicionales como el circo (Cirque du Soleil) y las cafetería (Starbucks) han cambiado sus reglas sin olvidar sus esencias, hay espectáculos circenses, pero sin animales y con buen olor, y se prueba un rico café aunque tengas que servirte tú el azúcar y que conozca tu nombre todo el establecimiento. Romper reglas no significa romper tu identidad. Ya lo decía el actor Elliot Gould: “Nadie pue-de ser esclavo de su identidad, cuando surge la posi-bilidad de cambio, hay que cambiar para seguir siendo el mismo”. La creatividad de lo nuevo necesita nuevas reglas para entender la realidad. No podemos probar a hacer cosas nuevas con herramientas y formas de trabajar antiguas. Hay que crear nuevos métodos o, como Tintín expresaba con el saber, estar a la última 90


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