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EL INTRAEMPRENDEDOR: UNA NUEVA ESPECIE Las empresas necesitan de estos perfiles que luchen con pasión y convicción desde dentro de la organización, como si ellos fueran propietarios de la empresa. Son inquietos, curiosos, polivalentes, adaptables, perse-verantes, muy motivados, y orientados al logro, poseen una visión sistémica de su mercado, sector y empresa, son visionarios, destacan por tener imaginación y creativi-dad que transforman en ideas concretas para luego materializarlas en el desarrollo de un producto, servicio, proceso… innovador. Les gusta trabajar en equipo aunque su sentido de la responsabilidad le lleva a asumir el liderazgo en muchas ocasiones. Saben que no pueden llegar solos así que no abandonan la construcción de redes y contactos útiles para lograr las metas fijadas. Son personas resilientes que afrontan con solvencia los obstáculos que les surgen dentro de la propia organiza-ción, en muchas ocasiones no preparada para su existen-cia, convirtiéndose en verdaderos motores del cambio y también haciendo gala de su capacidad de adaptación. Su alto compromiso para con la organización en la que trabaja y en concreto “a su proyecto interno” le dota de una gran capacidad de trabajo que se manifiesta en grandes dosis de tiempo y esfuerzo dedicados a impulsar el crecimiento y la renovación de la organización. Impresionante ¿verdad? Un dechado de virtudes que no acabaría aquí y que cualquier empresa querría atraer y mantener. Pero para conseguirlo las organizaciones tienen que ser conscientes de que esta “nueva especie” necesita un hábitat concreto para vivir, y si no encuentra el ecosistema apropiado, por una mera cuestión de su-pervivencia, migrará a otra organización que le posibilite los espacios adecuados para desarrollar su perfil. UN HÁBITAT DIFERENTE PARA UNA NUEVA ESPECIE Para crear un hábitat en el que el intraemprendedor pueda, no sólo sobrevivir, sino desarrollarse, las empresas han de cuestionarse los patrones actuales presentes en su organización y explorar nuevos modelos organizativos más flexibles y eclécticos. Hablamos de una cultura que abrace nuevas políticas, marcos de actuación, hábitos que permitan a este perfil ser el motor interno de innovación y evolución dentro de la organización. Algunos de las condi-ciones necesarias para crear un ecosistema propicio son: › Libertad y corresponsabilidad individual: ne-cesitamos un hábitat donde exista tolerancia real a 3 factores clave: a correr riesgos calculados, al error y al caos. Además, hay que dejar tiempo para que ejerza su rol de intraemprendedor. › Crear espacios de trabajo flexibles: entre otras muchas nos referimos a horarios, presupuestos, flexibi-lización en la toma de decisiones, espacios físicos para el desarrollo de iniciativas. › Esquemas de dirección abiertos: ampliar la des-cripción de puestos, crear sistemas alternativos para la toma de decisiones y rediseñar los sistemas de control desde la dirección con el fin de elevar la autonomía y el empowerment. › Políticas marco impulsoras: creación de un pro-grama de recompensas, creación de equipos de trabajo multidisciplinares específicos para iniciativas empren-dedoras, diseño de las reglas del juego intraempren-dedor que pongan énfasis y foco en la investigación y desarrollo organizativo interno. Es importante resaltar que un buen intraemprendedor no tiene por qué ser un futuro emprendedor, puede que no quiera asumir ciertos riesgos y siempre se encuentre mejor arropado dentro de una gran corporación. Pero lo que está claro es que si la organización no le brinda opor-tunidades de explotar este potencial buscará otra empresa que le haga de mecenas, generalmente, la competencia. ¿Estamos dispuestos a hacer este maravilloso regalo? O mejor reformulo la pregunta: ¿Nos lo podemos permitir? ES IMPORTANTE RESALTAR QUE UN BUEN INTRAEMPRENDEDOR NO TIENE POR QUÉ SER UN FUTURO EMPRENDEDOR, PUEDE QUE NO QUIERA ASUMIR CIERTOS RIESGOS Y SIEMPRE SE ENCUENTRE MEJOR ARROPADO DENTRO DE UNA GRAN CORPORACIÓN. 17


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